sábado, 3 de enero de 2015

La lógica del entretenimiento y la creación del Homo ludens



          Los seres humanos buscamos de manera instintiva el placer, el goce y la comodidad. El uso del tiempo libre es siempre a favor del ocio y el entretenimiento. Todo aquello que nos causa entretenimiento, lo reproducimos en nuestras vidas hasta el momento en que deja de cumplir esa función. Nunca antes en la historia de la humanidad, habían existido tan diversas formas de entretenimiento. “Una infatigable tendencia compulsiva a la diversión cubre con su manto todos los lugares de la socialización mediática” (Abruzzese y Miconi, 2002).
 Los medios de comunicación y las industrias culturales parecen haber determinado que su función en la vida es la lucha contra el aburrimiento. La sociedad moderna le rinde culto exacerbado al entretenimiento. La cultura hedonista que rige nuestra época, nos incita a la obtención del placer como objetivo o finalidad de la vida. Los propósitos y las metas a perseguir en nuestra vida son segundo término después de la constante búsqueda del placer. Mientras el placer este siempre presente, lo demás, es lo de menos. Incluso nuestras metas y responsabilidades las trazamos en base los principios hedonista, puesto que esperamos placer a cambio del cumplimiento de estas; aunque eso sea parte de la naturaleza del hombre.
El entretenimiento sirve para llenar el vacío de sujeto en nuestras sociedades. Nos propone seducción, conformidad, afectos. Su lógica es asumir la vida en sí misma como un mecanismo de entretenimiento. No debe existir espacio para el aburrimiento que genera la cotidianidad de nuestras vidas, y el aburrimiento debe cubrir ese tiempo de nuestras vidas.
Como lo mencione al principio del texto, la herramienta fundadora de esta lógica son los medios de comunicación. Las culturas mediáticas nos proponen vivir la vida como una película, en la cual cada uno puede ser la estrella porque supuestamente el entretenimiento es el propósito de la vida, la felicidad del sujeto (Rincón, 2006).  Para esto debemos vivir intensamente emocionados, sintiéndonos dueños de nuestras formas de entretenimiento, viviendo activamente en las culturas mediáticas con la sensación de convertirnos en cualquier momento en celebridades.
Las culturas mediáticas operan bajo el orden de la espectacularización de la vida y de la realidad. De esta manera Las estéticas mediáticas los mundos de la vida desde la lógica del entretenimiento al proponer goces, afectos, historias para encantar el tedio de una sociedad llena de racionalidades productivas (Rincón, 2006)
 El glamour, la imagen, las buenas formas y todo aquello que pueda impresionar nuestros sentidos y marcar una tendencia, son bienvenidos. El reclutamiento de los productos y las formas de contenido mediático se basa en todo aquello que pueda caber en el gusto del grueso de la audiencia; del hombre masa.
Las estéticas mediáticas basan su éxito en la apuesta al gusto común y generalizado. Un contenido de fácil comprensión que pueda distraer y encantar a una gran parte de la audiencia. La audiencia exige un contenido que carezca de información compleja, ya que en ese momento, su finalidad es entretenerse y pasar un rato ameno que los distraiga de los problemas de la vida diaria y la el esfuerzo físico o intelectual que realizan en sus trabajos y obligaciones.
El entretenimiento es, entonces, la celebración de la ligereza, del lenguaje envolvente destinado a manifestar su superficie lúdica, mundana, estética y fetichista (Abruzzese y Miconi, 2002). La lógica del entretenimiento es posible de comprender por oposición al arte y a lo culto (Gabler, 2000) 
Esta nueva civilización mediática-basada en la lógica del entretenimiento- está creando un nuevo sujeto de características frívolas que solo busca comodidad, placer y entretenimiento sin requerir  mucho esfuerzo. “La comunicación mediática está inventando su propio mundo de la vida- entretenido y efímero- y su propio sujeto cultural- individualista y exhibicionista (Gabler, 2000).
 Este imperio del entretenimiento, mirado críticamente, ha producido un individuo bien extraño: “superficial, excitable y al mismo tiempo amorfo; indiferente al valor de la memoria humanista. Es incluso un nuevo tipo  antropológico. Ignorante, poco reflexivo e inculto. Arrastrado por los remolinos del entretenimiento y por eso mismo distraído de la urgencia de los problemas sociales. Pasivo pero también frívolo, obtuso, atraído por los asuntos mundanos, por la apariencia, por el esplendor fácil del flujo catódico. Es el homo ludens (Abruezze y Miconi, 2002).  

El homo ludens es el ser de nuestro tiempo. Ese creado por las culturas mediáticas. Su nuevo sujeto cultural, pero de igual forma y repercusión, el nuevo ciudadano del siglo XXI y el nuevo ejemplar de nuestra especie en la era capitalista. Un sujeto que cuya sensibilidad y raciocinio solo le alcanzan para aprecia la cultura light. Se siente atraído únicamente por aquello que le genera placer y facilidad de comprensión. Deja de lado lo abstracto por lo concreto y solo reacciona la novedad y el estímulo. Encuentra en el placer y el entretenimiento, el propósito fundamental de su existencia.

viernes, 2 de enero de 2015

Siglo XXI ¿La era de las amistades falsas?



        

            A las nuevas generaciones de nuestro tiempo se caracterizan (entre otras cosas) por el ego y el individualismo. Como la llama el escritor Mario Vargas Llosa, vivimos en la “Civilización del espectáculo”. Nos gusta exhibir ante los demás cuan grandiosas son nuestras vidas y sobre todo cuan fascinantes y atractivas somos como personas. Vendemos una imagen ideal de nosotros mismos, proyectando cuan atractivos, felices y divertimos somos para caer en el gusto y en la admiración de los demás. En esencia le rendimos un culto a la personalidad a través de redes sociales.
            El ego que se transpira entre los sujetos que vivimos hoy en día, donde todo gira a nuestro alrededor y a la grandeza de nuestra personalidad, van recíprocamente de la mano con el valor del individualismo. No sé si este es derivado del ego o el ego producto del carácter tan individualista y tan poco solidario que tenemos hacia los demás. Sea como sea, es un hecho que nos gusta seguir nuestro camino y las causas de los demás nos son cada vez más indiferentes. El sentido de comunidad pierde terreno ante la búsqueda del culto rendido a los valores del individuo como sujeto libre y con derecho de tener su propia forma de pensar, actuar y elegir sin importar la opinión de los demás.
            Los seres humanos nos preocupamos cada vez más por nuestras propias causas y menos por la de los demás. En resumen somos egoístas. Nos gusta vender la idea de que nuestra vida es genial, tanto o más que la de los demás. Nosotros somos los protagonistas de la película de nuestras vidas y los demás simples extras.
            Estos antivalores con los que nuestra sociedad se desenvuelve en la cotidianidad, generan diferentes tipos de relaciones entre los sujetos. Cada vez es más difícil hacer amistades sinceras y duraderas. Una maestra del bachillerato me dijo que solo podía contar con los dedos de una sola mano a mis verdaderos amigos. Lamentablemente, la realidad de nuestro contexto le da la razón.
            Aristóteles, curiosamente el fundador de la lógica occidental, pensaba que la amistad se daba cuando personas benévolas que le desean el bien del amigo, por el amigo mismo. Cuando esta benevolencia es correspondida, entonces había una amistad. Existen muchas personas que en medio de rituales sociales (despedidas, año nuevo, cumpleaños) nos desean lo mejor para nuestras vidas. Lamentablemente, tal deseo obedece más a buenos modales y formalismos sociales que a un ferviente deseo que a la persona le vaya bien.
            El ideal de amistad que Aristóteles propone es aquel en el que los logros del amigo generen una genuina alegría en nosotros por motivo de su éxito y no por haber obtenido un beneficio. Tal requisito parece que se esfuma con el pasar del tiempo en nuestra civilización. Existe una competencia, incluso entre los amigos, por demostrar quien tiene más éxito,  ropa, belleza, estilo de vida etc. Le deseamos gloria a nuestros amigos, pero tampoco como para que opaque la nuestra.
            Por otro lado, Aristóteles decía que a los que son amigos por interés, el cariño obedece al propio bien de ellos, y a los que son por el placer a su propio gusto, y no por la forma de ser del amigo, sino porque le es útil o agradable.  Este principio es el que más parece predominar en nuestra sociedad actual. Las amigos permanecen juntos siempre y cuando existan causas o proyectos en común; o simpatía entre ambos. Los requisitos para valorar una amistad se basan en que tan útil o agradable resulte el amigo.
            En este caso, cuando ya no se son agradables o útiles, los amigos dejan de quererse. Es por eso que hoy en día es muy difícil encontrar amistades que perduren para toda una vida. El afecto esta mediado por la delgada línea de la utilidad y la simpatía; una línea que puede romperse con el paso del tiempo o con cualquier sacudida.  
            La amistad perfecta es la de los hombres buenos y semejantes en virtud; porque estos desean el bien el uno del otro por ser ellos buenos, y son buenos en sí mismos. Los buenos son buenos en lo absoluto y bueno para el amigo. Los buenos son útiles y agradables no solo en lo absoluto, sino para el amigo.
Debemos rodearnos de amigos que quieran lo mejor para nosotros en todo momento. Que sean tan buenos como para que quieran estar con nosotros no solo cuando les seamos útiles y tan tolerantes como para seguir a nuestro lado aun en los momentos que podamos ser desagradables. La verdadera amistad debe ser tolerante y no poner demasiadas condiciones.
La amistad es la atracción espontánea y el afecto sincero. El interés y el placer no deben ser valores condicionantes de una amistad; la tolerancia y la solidaridad sí. Como dice Aristóteles, un amigo es un alma en dos cuerpos y un corazón en dos almas.


martes, 30 de diciembre de 2014

Culturas juveniles, un acercamiento teórico



         



Podemos entender en término generales a la Cultura como el conjunto de formas y expresiones que se caracterizan en el tiempo en una sociedad determinada. Por el conjunto de formas y expresiones se entiende e incluye a las costumbres, creencias, prácticas comunes, reglas, normas, códigos, vestimenta religión y maneras de ser que predominan en el común de la gente que la integra.
            Partiendo de este concepto, cada sociedad se compone de diferentes subculturas, ósea, una cultura dentro de otra cultura. Los jóvenes son un sector estratégico importante en el desarrollo que pueda tener una sociedad. Mannheim (1944) llega a afirmar que “la función específica de la juventud es la de ser  un revitalizador, es decir, un eje desde el que articular procesos y prácticas de renovación de la sociedad, un revulsivo que impele al cambio”.
            En estos términos, la juventud tiene sobre sus hombros el peso de relevar los procesos evolutivos de una sociedad. El factor renovación representa una distinción de la generación anterior. La juventud de hoy en el sentido cultural y de formas de expresión, es muy singular y propia de la que fue la de épocas anteriores.
            La juventud, con el paso del tiempo, ha ganado terreno en el plano de reconocimiento de una cultura autónoma con sus propias formas simbólicas de expresión, consumo, valores y dinámicas sociales. Se ha dotado de una identidad propia. Como lo propone Pierre Bourdieu (2002) “La juventud como fenómeno social sólo puede ser definida en términos de cultura. Y hay cultura juvenil en la medida en la que ésta se sitúa como renovación de la cultura en la que se inserta”.
            Las culturas juveniles están inmersas en un periodo de espacio y tiempo. Cambiaran a medida que el tiempo y las condiciones sociales avancen. Los símbolos, las formas de expresión, consumo y convivencia se verán determinadas por estos dos factores y como cualquier caso, sufrirán cambios en mayor o menor medida según sea el caso.
            “El primer gran factor estructurador de las culturas juveniles es la generación como nexo que une biografía, estructura e historia. Las culturas juveniles más visibles tienen una clara identidad generacional” (Merino). Cada generación logra una identidad propia dentro del espectro de la cultura juvenil. Situados en un mismo periodo de espacio y tiempo, los grupos generacionales logran identificarse por experiencias comunes vividas en un mismo periodo de tiempo.
            A este enlace de tiempo y espacio es lo que Mannheim denomina situación generación como el punto en el que se unen tiempo histórico y las condiciones sociales de históricas de existencia. El concepto hace referencia a las condiciones sociales y culturales en que viven los sujetos porque determinan modos de experiencia y conciencia posible.
            Del planteamiento de Mannheim se concluyen dos grandes aportaciones. Por un lado, la idea de que la coincidencia en el tiempo no hace que se forme una generación. Y, por otro lado, la cuestión del vínculo que da unidad a una generación. De esta forma, Mannheim subraya la importancia del contexto social, de la forma de producirse el “ser-con-otro”, porque permite que existan formas de conexión generacional.
            Según Merino “Las generaciones se identifican sobre todo por la adscripción subjetiva de los actores, por un sentimiento de contemporaneidad expresado por recuerdos en común”. Las generaciones deben tener  formas y símbolos que los unifiquen y determinen su existencia. Es por eso que las condiciones sociales determinaran a una generación puesto será el momento histórico que ellos vivieron y prevalecerá para siempre en sus recuerdos.
            En la actual generación de jóvenes ese vínculo que brinda el sello de contemporaneidad son sin duda las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen. Redes sociales, teléfonos inteligentes, videojuegos, música electrónica etc. Son la punta de lanza que unen a esta generación y le brindan el sentido de contemporaneidad que logra distinguirlos de las generaciones anteriores. Las generaciones se identifican sobre todo por la adscripción subjetiva de los actores, por un sentimiento de contemporaneidad expresado por recuerdos en común.

            


            

viernes, 26 de diciembre de 2014

Comunidades virtuales o Sociedad red



           
         Internet se ha convertido en el medio de comunicación hegemónico de nuestro tiempo.  La difusión y facilitación de su acceso, aunado a características que le brindan al usuario una sensación de apertura e independencia, lo vuelven un medio atractivo y con tendencia popular para las masas, por encima de los medios tradicionales.
            Este medio ha influido notablemente en las formas de interacción entre los usuarios, dando pie al surgimiento de nuevas comunidades on line, en las cuales la circulación del contenido y  la práctica de una convivencia alterna, le brindan un significado diferente a la construcción de comunidad.
            “Por un lado la formación de comunidades virtuales se ha interpretado como la culminación de un proceso histórico de disociación entre localidad y sociabilidad en la formación de la comunidad” (Castells, 2003). Este fenómeno rompe el esquema tradicional es la cual el individuo estaba sujeto a convivir únicamente con los grupos primarios de su localidad, y era esa convivencia la generaba un contexto comunitario, en donde los individuos compartían toda clase de información y experiencias que vivan con los demás miembros de la comunidad.
La cercanía y la frecuencia en la interacción eran el sello distintivo en la sociabilidad comunitaria tradicional y la cosmovisión del individuo era condicionada en gran parte, por esta forma de vida.
“Por otro lado se ha acusado a internet de incitar gradualmente a la gente a vivir sus propias fantasías on line y huir del mundo real, en una cultura cada vez más dominada por la realidad virtual” (Castells,  2003). Internet ha provocado la transición de pasar desde las tradicionales formas de convivencia hasta aquellas dominadas por el medio on line, donde los individuos tienden al aislamiento y al abandono de la sociabilidad cara a cara. Los espacios públicos están siendo remplazados por los espacios virtuales.
La convivencia on line le está ganando terreno a la convivencia interpersonal. La gente se sumerge en el ciberespacio y al encontrar ahí una práctica forma de interacción, deja de añorar la interacción en persona. Internet se convierte en la ventana al mundo en el que sin un esfuerzo notable, el individuo puede asomarse y conocer (de manera frívola) el mundo exterior un una práctica hedonista que caracteriza nuestra cultura moderna.

La realidad social de la virtualidad de internet

            Las redes sociales han captado más audiencia que cualquier evento televisado a escala mundial. Se estima que más de 1.300 millones de personas tienen cuenta activa de Facebook.  La actividad social se ha apropiado en toda su diversidad de internet. Las relaciones entre usuarios se ha convertido en una de las actividades más populares dentro del espacio virtual.
            Los juegos de rol y la construcción social de la identidad como base de la interacción on line constituyen una porción muy reducida de la sociabilidad basada en Internet, y es un tipo de actividad que tiende a concentrarse especialmente en círculos de adolescentes. En efecto los adolescentes son personas que se encuentran en un proceso de descubrimiento de la identidad y experimentación de la misma, o de averiguar quiénes son realmente o quienes les gustaría ser, lo cual abre un fascinante campo de investigación para comprender la construcción de la identidad y la experimentación (Castells, 2003).
            Esta idea abre un fascinante campo de investigación sobre la construcción de la identidad. Se percibe a Internet como un terreno en el que se puede jugar con la imagen y fantasear con una identidad fabricada o incoherente con la identidad real que se expone en la interacción física. Contrario a esta percepción, Internet funciona más como una extensión de la vida tal como es, en todas sus dimensiones y modalidades.
            Sherry Turkle pionera de los estudios de identidad en Internet, concluye en su clásico estudio indicando que “la noción de lo real se rebela. La gente que vive vidas paralelas en la pantalla esta en cualquier caso limitada por los deseos, el sufrimiento y la mortalidad de sus seres físicos”
            La identidad creada en la red es por lo general coherente con la realidad física. Al ser el mismo sujeto el que intenta crearla, no puede escapar demasiado a la esencia de sus intereses y actitudes, por tanto, al ser su imagen moldeada por sus propias manos, es un reflejo no alejado de su auténtica identidad.
           
            Comunidades, redes y la transformación de la sociabilidad

            Las redes llegaron para quedarse. Han transformado las formas de sociabilidad de las personas, desplazando las tradicionales que se basaban en los espacios públicos de una comunidad como lugar para la interacción. Ahora las redes son las que sustituyen a los lugares como sostén para la sociabilidad, tanto en las zonas periféricas como en las ciudades.  
            “La gente no construye su significado en las sociedades locales porque selecciona sus relaciones sobre la base de sus afinidades” (Castells, 2003). El hombre es un ser social por naturaleza. De igual forma, la socialización es una actividad instintiva para la supervivencia del ser y de la especie, pero en los tiempos no es una necesidad tan prioritaria. La sociabilidad no es impuesta, por lo tanto el individuo de hoy en día optara por socializar únicamente con aquellos con los que encuentre afinidad y simpatía, no importando si son vecinos, familiares, compañeros de trabajo, de escuela etc.
            Con esto entendemos que la cosmovisión, valores o intereses de una persona, no se ve tan determinada por la sociedad local o el grupo comunitario al que pertenezca. El mundo se conoce a través de uno mismo, por lo que Internet, además de ser una ventana, es un espacio para la socialización y un lugar ideal para el desarrollo de la individualidad. 

Es cierto que la forma de comunidad territorialmente definida no ha desaparecido del mundo en general, pero no cabe duda que ahora juega un papel menor en la reestructuración de las relaciones sociales para la mayor parte de las sociedades desarrolladas (Castells, 2003).

jueves, 11 de diciembre de 2014

Requisitos para el funcionamiento social

           Para poder desempeñar una óptima vida política y social, el hombre necesita crecer y desarrollarse en una sociedad que funcione, así como biológicamente necesita aire para respirar. A pesar que la sociedad se interpreta desde numerosas definiciones, la entendemos en términos generales como un espacio donde un grupo de individuos coexisten y conviven desempeñando cada uno, una determinada función que permita un continuo avance en los niveles de vida.
            Un auto, entre otras cosas, necesita aceite y agua para funcionar. De tal manera, según Peter Drucker, una sociedad ocupa dos factores para rendir adecuadamente. El primero de ellos es otorgar un rol a cada individuo. Cada persona le encontrará sentido a la vida, si tiene un propósito y un rol para poder ser útil y para la sociedad y de igual manera sentirse satisfecho con la actividad que realiza. La satisfacción social de los individuos es un aspecto a importante en el funcionamiento social. Cuando una sociedad les brinda a los individuos que la componen, una actividad que logre satisfacerlos, se moverá en la dirección correcta; de lo contrario, solo será un conjunto de personas frustradas, y su accionar se estancara.
            El vacío de este principio, propiciara sujetos frustrados y decepcionados con su existencia, y por ende serán más propensos a dedicarse a actividades ilícitas que terminan convirtiéndose en un problema  y una carga para el orden y bienestar social.
            El segundo factor es la legitimidad del poder decisivo. Entenderemos poder decisivo como aquel que tiene el poder para tomar las decisiones más trascendentales que definan el rumbo y establezcan el orden dentro de una sociedad. En términos más concretos, en las sociedades contemporáneas, el poder decisivo es el gobierno y sus instituciones; aunque también existen otros agentes sociales que en ciertos casos, desempeñan un poder decisivo.
            Una sociedad que no reconoce como legitimo a sus poderes decisivos, se encaminara hacia el desorden, la desobediencia civil, el desencanto y falta de productividad y por ende al caos. En países cuyos ciudadanos no confían en su gobierno y sus instituciones, el descontento civil hará que ni los ciudadanos respetan las normas y leyes, provocando así diversos conflictos los mismos civiles y civiles con el gobierno.
           
             Posición y función del individuo
            “El binomio, posición y función social del individuo constituye la ecuación de la relación entre el grupo y el miembro individual. Simboliza la integración del individuo con el grupo, así como la del grupo con el individuo” (Drucker, 2002). Con esto, Drucker expresa empatía y el reciproco propósito de las funciones entre el individuo y el grupo. La existencia individual desde el punto de vista del grupo, así como la existencia grupal desde el punto de vista del individuo cobran sentido.
            Cuando un individuo no encuentra una posición y una función dentro del grupo, su pertenencia carecerá de sentido. Tarde o temprano se alejara del grupo o este terminara expulsándolo. En contrasentido, para un individuo no existe la sociedad si carece de posición y función sociales. La sociedad solo adquirirá sentido si su propósito, objetivo e ideales tienen sentido con los propósitos, objetivos e ideales del individuo. Es necesario que exista una bien definida relación funcional entre la vida individual y la vida del grupo.
            Respecto a las funciones sociales que cada individuo debe poseer para el óptimo funcionamiento de una sociedad; es necesaria primeramente la definición de las creencias respecto a la naturaleza del hombre para poder identificar cuáles son los valores y los modelos a seguir que cada individuo, y por ende cada sociedad deben intentar alcanzar.
            Las creencias respecto a la naturaleza del hombre definen el propósito de la sociedad. Estas definen el modelo de ser humano ideal; el motivo por el cual el hombre fue creado y las metas y valores por los cuales debe regir su existencia. Sin una idealización sobre la naturaleza del hombre, los individuos ni las sociedades no tendrán rumbo y por ende su vida carecerá de sentido y finalidad.
          
              El poder legitimo
            “El poder legítimo surge de la misma creencia social básica respecto de la naturaleza del hombre y su realización sobre la que reposan tanto la función social como el lugar del individuo dentro de esta sociedad. Es más, el poder legítimo puede ser definido como aquel poder real que encuentra su justificación en las características básicas de la sociedad” (Drucker, 2002).
            El poder legítimo esta para representar y hacer valer los principios de la naturaleza del hombre. En medida que el poder decisivo, aquello que llamamos gobierno, cumpla cabalmente las funciones de poder legítimo, haciendo valer sus principios sociales, a través de una estructura institucional, la sociedad tendrá las bases necesarias para su orden y funcionamiento.
            El poder legítimo deberá luchar contra instituciones y el surgimiento de poderes decisivos que propongan valores que resulte una amenaza para el bienestar social. En una sociedad que cree en la libertad como principio fundamental del hombre, la esclavitud será vista como una amenaza. Los principios legítimamente aceptados deberán ser defendidos por un poder decisivo que funja de igual manera como poder legítimo.
            También es necesario dejar claro que el de “legitimidad” es un concepto puramente funcional. No existe una legitimidad absoluta. El poder solo será legítimo en relación con una creencia social básica. La sociedad responde a la legitimidad de su poder decisivo según sus creencias políticas. Un poder es legítimo cuando está justificado por un principio ético que ha sido aceptado por la sociedad.
            Los principios sobre la naturaleza del hombre varían en cada sociedad de cada región del mundo. Son planteados por el poder decisivo, su historia ancestral que marca su cultura,  y la aprobación social en ese mismo orden de importancia. El poder decisivo va marcando la pauta sobre la cultura y por ende sobre sus principios sociales. Aun así el poder social, puede con el paso del tiempo, desaprobar ciertos principios en los que anteriormente creía, pero que la historia los ha ido deslegitimado hasta llegar al presente. Los principios sobre la naturaleza del hombre pueden cambiar, por lo tanto el poder social juega un poder importante en la conciencia y la legitimación del poder decisivo.




sábado, 1 de noviembre de 2014

Drogas, mafias, mercados

         


           El consumo de drogas psicoactivas (las que influyen sobre funciones mentales: como el estado de ánimo, la percepción, la cognición y el comportamiento) es un fenómeno de escala mundial que afecta e influye en la dinámica económica y geopolítica mundial. El jugoso negocio que representa su tráfico, la violencia, más los problemas de salud que este genera, obliga a los Estados a establecer políticas para contrarrestar estas consecuencias.
            Cada matiz problemático que arroja este fenómeno, responde cargado de debates sobre diferentes alternativas que pueden limitar los alcances dañinos que están en juego. Aun cuando existen diferentes posturas para frenar este fenómeno de escala mundial, que pasa por el cultivo, el tráfico hasta el consumo, el tráfico de drogas persiste como un ente protagónico en la vida política, económica y social de nuestro tiempo.
            Para tener una idea general pero clara de lo que representan las drogas en nuestro mundo, es analizar las diferentes características que rodean este negocio. El primero es sobre el problema que representa el uso de ellas. Realmente no es un problema serio, ya que la mayoría de las personas que consumen alguna sustancia ilícita lo hace de manera razonablemente controlada. La mayoría de los consumidores de drogas, contrario a lo que se piensa, son ocasionales y lo hacen sin hacerse daño ni a sí mismos ni a otras personas. Existen en un porcentaje menor, aquellos usuarios que abusan de su consumo o los que consumen altas cantidades durante muchos años.

Mercados discretos y mercados flagrantes
            Las drogas, a través de intermediarios y minoristas, siempre encuentran la manera de llegar a los consumidores. Las diferentes maneras de hacerlo sirven como indicador para ilustrar en qué medida existe un caos social. El primer caso de distribución local y acceso a los estupefacientes es el denominado mercado discreto; ósea aquel en que la droga se vende en lugares privados y exclusivos, muy confidenciales al público o a la policía. Ni el vendedor ni el comprador tienen muchos incentivos ni necesidad de portar un arma.
            Lo mismo puede decirse del modelo de tráfico de drogas conocido como “entrega de pizza”, donde un comprador llama o envía un correo al vendedor y la mercancía se le entrega en la puerta de su casa. Este método es de uso extendido en ciudades como Nueva York, donde la policía persigue incesantemente el tráfico abierto.
            Muchas drogas, en cambio se venden en el comercio callejero, donde los traficantes están a la vista de todos, dispuestos a venderles a cualquiera, en lugares precisos y conocidos de ventas de drogas, como las “narco casas”. Los traficantes del comercio callejero y de las “narco casas” son blancos potenciales de robo y necesitan andar bien armados. Los clientes de esos mercados “flagrantes” son también un blanco para el robo, y a menudo son adictos, probables perpetradores de robos o asaltos para pagar su adicción.
            Los mercados flagrantes solo aparecen donde hay una densidad suficiente de clientes y donde el orden social se ha roto. Los mercados flagrantes solo aparecen donde hay una densidad suficiente de clientes y donde el orden social se ha roto. Los mercados flagrantes son devastadores para la comunidad circundante. Los mercados discretos no son un problema para la comunidad. Los flagrantes, sí.

Crimen y consumo
            La compleja relación entre el tráfico y la violencia es debatida por académicos y políticos al momento de establecer políticas públicas. La meta siempre es reducir los problemas de salud y de violencia que arroja la producción y el consumo de estupefacientes. Más bien diría que la delincuencia es producida por ambos factores- las drogas y las políticas para combatirlas-. La relación entre estupefacientes y delincuencia tiende a seguir tres caminos: 1. El consumo de drogas induce conductas irracionales; 2. Delinquen quienes necesitan dinero para comprar las sustancias; 3. El negocio de la producción y el tráfico de estupefacientes genera violencia.
            Quienes sostienen que las drogas producen delincuencia aducen la alta proporción de arrestados que dan positivo en el consumo de sustancia ilícitas: dentro de Estados Unidos la cifra va del 49% en Washington, D.C., al 87% en Chicago. Son estadísticas impresionantes pero no demuestran por si mismas que las drogas generan violencia.
            El consumo de drogas es más común y menos apocalíptico de lo que parece, sobre todo en los Estados Unidos. Millones de ciudadanos que viven lícitamente respetando la ley y se desenvolviéndose con normalidad en la sociedad, consumen ocasionalmente algún tipo de droga.  Aun así, comparado con los no fumadores, los que fuman delinquen más. Pero en realidad es solo un pequeño grupo de usuarios de alto consumo es responsable de una parte desproporcionada de la actividad delincuencial que atribuye a los usuarios de drogas en general.
                     El abuso de sustancias (fumar, beber en exceso y abusar de sustancias ilícitas) expresa un bajo nivel de autocontrol. Una persona que usa indebidamente estas sustancias esta también más predispuesta a participar en delitos. Buena parte de los delitos relacionados con el consumo de droga se debe a que los toxicómanos no poseen un ingreso lícito suficiente para mantener su adicción; sobre todo los adictos a la heroína y la cocaína por su alto costo.
            En esta misma línea es difícil prever si la legalización de las drogas ayudaría a disminuir la delincuencia o por el contrario la agudizara. Por un lado, con la legalización las drogas bajarían de precio y los consumidores adictos no incurrirían en delitos para mantener su vicio y el millonario negocio del narcotráfico dejaría de ser redituable y poco a poco su razón de ser dejaría de existir.
Por otro lado, las consecuencias de la legalización pudieran ser poco negociables si se considera el enorme problema de salud que esto representara. El consumo aumentaría, probablemente de manera desmesurada. Los adolescentes y jóvenes fueran el sector de la población más susceptible a caer en adicciones. Muchos consumidores adictos serían incapaces de mantener un empleo lícito y podrían recurrir a los delitos. En suma cabria que esperar que con la legalización los problemas se orientaran más a temas de salud que de violencia; pero aun así ambas situaciones son difíciles de prever.




            

jueves, 23 de octubre de 2014

La era de la información: Mayor comunicación vs Mayor vigilancia



           La libertad es un derecho fundamental de cada ser humano, el cual la humanidad promueve como referente ideológico como base del bien común. La era moderna se caracteriza por basarse en paradigmas como la igualdad, la libertad y la justicia como paradigmas que deben regir nuestra época. Las luchas de hombres como Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Nelson Mandela sirven como ejemplo para recordarle a las nuevas generaciones que dichos valores humanos son una ganancia de la historia.
            En la actualidad, la libertad se ha perpetuado como un derecho humano universal. Cualquier persona que quiera proyectarse como alguien noble ante los demás, se pronunciaría a favor de las libertades fundamentales del hombre. Ningún político que desee la popularidad de sus gobernados confesaría estar en contra de la libertad de culto, expresión o pensamiento. Esto condenaría la carrera política de cualquier funcionario público o jefe de estado y recibiría el rechazo de la comunidad global. Los Estados en la actualidad, se rigen bajo este marco ético; salvo sus honrosas excepciones.
            La era moderna, también llamada la era de la información, se caracteriza por el uso masivo y cotidiano de las Tecnologías de la Información y Comunicación. La expansión de los servicios de internet y la popularidad de las redes sociales, le ha dado un nuevo giro a la comunicación de nuestra época. El hecho de que ahora los usuarios puedan hacer sus propias publicaciones, compartir  y divulgar información y expresarla con su toque personal (memes, hashtags, aplicaciones), le brindan una dosis pluralidad a la comunicación a través del ciberespacio dándole un sentir de mayor libertad y democracia a la vida de los usuarios.
            Julián Assange, fundador de WikiLeaks y actual exiliado político, en su libro Cypherpunks confiesa la dinámica de comunicación mundial en internet en la cual abunda el espionaje por parte de los Estados sobre las publicaciones de los usuarios. Comparto íntegramente un párrafo del primer capítulo del libro:
            “Si nos remontamos a los primeros años de la década de los noventa, cuando el movimiento criptopunk alcanzo su apogeo en respuesta a la prohibición de la criptografía por parte de los Estados, mucha gente tenía la mirada puesta en el poder de internet para ofrecer comunicaciones libres y sin censura. Sin embargo, los criptopunks se percataron de que en combinación con esto existía asimismo el poder para vigilar en tiempo real el poder de las comunicaciones que se efectuaban.”
            En otro párrafo Assange sentencia:
            “La vigilancia es al día de hoy, mucho más evidente que la vigilancia del pasado, y la ejercen en bloque los estadounidenses, los británicos, los rusos y otros gobiernos (contados) como el sueco y el francés. Ahora la ejerce todo el mundo, en prácticamente todos los países, a resultado de la comercialización de la vigilancia masiva, y se ha convertido en una vigilancia totalizadora porque la gente expone en internet todas sus ideas políticas, todas las comunicaciones que establece con familiares y amigos.”
            La era de la información es, entre otras coasas, en la que se vigila todo en internet por parte de los Estados. Al flujo de producción y comunicación masiva, le corresponde una vigilancia del mismo tipo. La libertad y el poder que las nuevas generaciones creían tener, se les coarta discretamente en el silencio, hasta que los intereses de los Estados o los grandes capitales no se vean afectados. El fetichismo por la libertad en el ciberespacio de las nuevas generaciones, se derrumba ante un poder con métodos más sofisticados de represión. Se les dieron los medios pero no la privacidad; el poder pero no la libertad.
            El espionaje que caracteriza la relación entre usuarios y Estado, es la encarnación del panóptico del filósofo francés Michelle Foucault. El control central del panóptico es ver a los que están en las prisiones y que los que están en las prisiones no vean a aquellos que las están viendo. El que ve cosifica al otro, hace del otro un objeto visto, pero no un ser humano. Para el guardia el ser que ve pasa a ser una cosa a vigilar, una cosa a controlar.
            Por lo tanto estamos ahora ante una nueva forma de represión. Los Estados de hoy ya no solo espían a sus Estados enemigos como se acostumbra únicamente en las guerras, el espionaje llega a la sociedad civil; se desconfía de los sujetos y del ambiente en una mayor dimensión; ahora cualquier individuo es un enemigo en potencia.
            Los Estados ven a internet como una enfermedad que afecta su capacidad para definir la realidad. El poder históricamente ha utilizado los medios de comunicación para condicionar la subjetividad de las conciencias de los sujetos de una sociedad y así imponer su verdad. Ahora con la llegada de internet los canales de expresión se ampliaron. Existe más libertad y mayor margen de maniobra pero también más vigilancia. El poder ya no condiciona las subjetividades de los sujetos, pero tampoco las deja florecer.
            Con el uso del espionaje, el poder tiene un método altamente verídico para saber lo que la gente piensa, hace y planea. Esto es una violación al derecho de la privacidad que cada individuo debe poseer. Cualquier Estado que se diga ser democrático miente al utilizar este sofisticado mecanismo de control y represión que marginan las libertades mínimas de los hombres como el derecho a la privacidad.
            Con la llegada de internet, el poder social dio un gran avance en su capacidad de comunicación, organización y circulación de la información; pero con el masivo espionaje no puede gozar de privacidad ni al margen del poder político; por lo que no podrá hacer nada sin que este se entere. La era de la información fracasa en su pretensión de crear una civilización más justa e igualitaria al no permitir la libre circulación de la información, ni la privacidad en las publicaciones de los usuarios sin que los poderes políticos se enteren.